Camuflar los sentimientos no sirve de nada

Si te apetece hacer una cosa, hazla 

Si tienes ganas de decirle lo mucho que le admiras, díselo. 

Si quieres pasar más tiempo con él, propónselo. 

Si sientes que algo no va contigo, déjalo. 

Si te invade la emoción, siéntela. 

Bueno, esto suena muy imperativo, y no me veo muy reflejada en nada que diga a nadie cuál es la mejor ni la peor opción porque, sinceramente, no creo que las haya. 

Creo que todo tiene su momento para cada persona, así que estas líneas son tan sólo una mirada a la intención, a qué podría pasar si así las siguiéramos y qué pasa cuando no lo hacemos. 

Lo que tengo claro es que, si estoy sintiendo lo que estoy sintiendo, no hay nada que pueda camuflarlo. Quizás sí hacia el exterior, pero no en el interior. 

A veces no actuamos como sentimos por miedo, por no querer mostrar nuestra inseguridad, nuestra vulnerabilidad, por el qué dirán, pero lo que conseguimos con esto es sencillamente estancarlo, seguir dejándole un espacio dentro de nosotros. 

Poniendo el ejemplo de que nos guste estar con alguien y nos apetezca pasar más tiempo juntos, la mayor muestra que hay de mi inseguridad es no decirle nada al respecto…”no vaya a ser que me diga que no y entonces qué puede pensar de mí”. 

Pues no lo sé.  

Lo que piensen de mí depende de los demás, pero ¿qué hay de lo que pienso yo de mí? 

Ese es realmente el foco en el que me fijo, porque cuando la atención está en ti, es eso mismo lo que te libera de lo que tanto temes e intentas camuflar. 

Por eso, podemos ver que la cuestión ocurre justo al revés.  

De todas formas, y como digo al principio, el momento de tomar la decisión de pasar a la acción es propio y personal. 

Mientras tanto puedo observar ese miedo, esa inseguridad que me lleva a quedarme quieta cuando lo que quiero es moverme en realidad. 

Siguiendo con el ejemplo, si una vez ha llegado mi momento, le propongo a esa persona vernos más porque eso es lo que siento y quiero, al actuar poniendo la mirada en mí, traspaso esa inseguridad para sentir tranquilidad por haberme escuchado y actuado. 

¿A qué hemos venido?

Porque siento que hemos venido aquí a disfrutar, a ser, a dar lo mejor de nosotros…a poder decir porque así lo sientes un “Joder, pero ¡qué valioso es cada uno de mis días, cada cosa que hago!! 

Cuando te acuestas sintiendo que realmente esto es así…ohhh yeahh!!…no hay nada que falte…Estás, eres tú en tu pleno esplendor…un oleeeeeee enorme por ti!!! 

Por eso, no debemos (aunque podemos y, de hecho, lo hacemos), desperdiciar nuestro tiempo, nuestra vida, nuestra energía…con personas o actividades que no nos llenan, que no nos dan y, sobre todo, en las que no damos, porque, aunque suene a topicazo, cuando das SIEMPRE recibes. 

Cada cosa que hacemos desde nuestro interior, desde nuestro sentir más auténtico siempre nos aporta, nos hace ser quienes somos. Nos expresamos, y es entonces cuando todo cobra sentido para ti. Tu vida se siente plena (Oohhh yeahh de nuevo!!) 

De lo contrario, siempre andamos en camino de nadie, buscando sin saber bien dónde hacerlo. 

A veces por miedo, sabiendo qué es lo que queremos, pero sin tomar acción, y otras veces, simplemente haciendo prueba-error para descubrirnos. 

Para mí lo importante es seguirte para encontrarte. Cada paso en el camino es fundamental, pero hay que seguir en ese camino porque, de lo contrario, la vida va pasando y vas dejando oportunidades de vivir al 100% para hacerlo de una forma simple, llana, sin impacto contigo mismo, donde, seamos sinceros, sabes que no estás siendo tú al 100%. 

Seamos valientes, sinceros, seamos quienes somos…o no…Cada uno decide, pero las consecuencias también serán propias y vividas en primera persona, sin duda!!! 

Porque todos elegimos la vida que queremos vivir, ya que, aunque a veces nos cueste verlo, nuestra vida es nuestra responsabilidad. 

Tener ganas de más

Porque la vida, en el sentido más estricto, es descubrir aquello que te hace vibrar, que te mueve por dentro para acabar con la sensación de tener ganas de más. 

Ganas de seguir por ahí, de vivir más de eso que te impacta, que te aporta, que te hace sentir que estás aquí y no querrías estar en otro sitio en este mismo momento. 

Qué bonito y qué difícil a veces dar con aquello que te remueva por dentro, que saque lo mejor de ti para dar con la llave de la vida, sentir.  

Hablo de sentir en todo su significado, sentir sin más, sin nada que pueda tapar aquello que te está ocurriendo de verdad.  

Porque, en realidad, siempre sentimos, pero de lo que hablo no es de sentir alegría, tristeza, miedo, confusión, etc. Hablo de algo más grande, tan intenso que cuando llega te das cuenta que no hay nada más que interfiera. Difícil de definir. Es un sentimiento al 100%, íntegro, donde sólo cabe la emoción en su plena expresión. 

No hay pensamiento, no analizas el porqué de eso que te ocurre. No hay nada más que eso que te está pasando, y es entonces cuando nos expresamos con plenitud, con el alma en nuestras manos. 

Que sólo nos quede disfrutar

Hagamos lo que hagamos, este es el mejor objetivo que podemos marcarnos: disfrutar 

Cuando hacemos unos estudios, un viaje, un curso o cualquier otra cosa con el único objetivo de conseguir algo, es probable que al finalizar esa actividad nos sintamos vacíos, como que nos falta algo, y sigamos el eterno ciclo de seguir marcándonos más objetivos para llenar ese algo. 

Sin embargo, si nuestra única finalidad es disfrutar de esa actividad que hago, el tema cambia y de ahí, sin duda, obtengo muchas otras cosas que conlleva el hacer una actividad mientras la disfrutas, mientras te diviertes, mientras estás 100% metida en ella. 

Porque disfrutar te lleva a sacar lo mejor de ti, tu creatividad, tu espontaneidad, en la que eres totalmente tú misma y te sientes cómoda en todos los sentidos. 

Es una sensación de fluir, de sentir que estás donde tienes que estar. No hay nada más, sin metas, sin necesidad de llegar a nada. Simplemente estás. 

El poder de las expectativas

Las expectativas, la imaginación, el creernos que las cosas van a ser como queremos que sean…todo eso es una fuente de ilusión, pero a la vez, de desilusión. 

Nos hacemos una idea de algo, nos la creemos y cuando llega el momento de la verdad, casi nunca la realidad se parece a nuestra bonita y perfecta imaginación.

Entonces, ¿cuál es el poder de las expectativas? 

Precisamente este, el hacer que nos aferremos tanto a nuestra mente que, finalmente, nos creamos nuestra propia historia como real. 

¿El peligro? La decepción de la realidad al ver que no es como pensábamos y queríamos que fuera. 

¿El beneficio? Yo aquí veo 2: 

1_ Ver qué hace que desee tanto eso 

2_ Darme cuenta que puedo desear una cosa por encima de las demás opciones que tengo, pero que yo también tengo una opción que marcará la diferencia: aferrarme o no a mi preferencia. 

Cuando no me la creo como una realidad, puedo ver que es tan sólo una posibilidad. Así, llegado el momento, lo veré con distancia y no como algo que, si no ocurre, me deja una sensación de malestar y desilusión. 

En realidad, el beneficio número 1 lleva SIEMPRE al 2, ya que cuando tú puedes ver la necesidad que te lleva a aferrarte a esa preferencia y crearte así una expectativa, te distancias de lo externo para mirar dentro de ti y solucionar tu interior que, en realidad, es lo único que está en tu mano. 

¿Por qué no creo en los pensamientos positivos?

Nunca me ha gustado la idea de los tan escuchados “pensamientos positivos”. Lo he percibido como un esfuerzo, algo que hay que hacer sí o sí para estar bien.  

No creo que funcione así. 

Creo que la mente se educa poquito a poquito, a través de mirar qué es lo que está pasando dentro de ti que hace que te centres en pensamientos que sólo aportan sufrimiento, pero desde la naturalidad y no desde forzar las cosas. 

Podemos compararlo con tener una alimentación sana. Si tú te fuerzas a comer frutas y verduras sin darte cuenta del daño que te hace comer alimentos procesados, dudo que seas constante, porque te representará un gran esfuerzo continuar con tu propósito. 

Sin embargo, si sabes el perjuicio que te acarrea para la salud comer determinados alimentos, puedes preguntarte porqué sigues haciéndolo y, desde ahí, cambiar tu alimentación de una forma consciente y natural. 

En el caso de los pensamientos podemos aplicar lo mismo, ya que, si no ves el daño que te provocas pensando como piensas, no sentirás que tu forma de pensar te condiciona en tu día a día y no indagarás en porqué lo haces. 

Por ello, el proceso, más que empezar por memorizar frases positivas, pasa por ver qué es lo que te dices, cómo te hablas ante cualquier circunstancia y, sobre todo, qué hay detrás de todo ello. 

Así, poco a poco y de forma natural, podrás adoptar una buena dieta mental, que te proporcione los “nutrientes” que tu vida necesita. 

Me arrepiento de…

¿Te has parado a pensar de qué sirve arrepentirse de algo? 

Sólo sirve para una cosa, y es para ver qué puedes hacer con eso que sientes. 

El arrepentimiento te lleva a una sensación por sentir haber hecho algo mal, y lo importante aquí es ver qué valor o qué miedo esconde eso que te ha hecho sentir mal. 

Como siempre, es una genial oportunidad para conocerte un poco más.  

Si te arrepientes de algo es porque: 

  • Has pasado de algo que tú crees importante en tu escala de valores, o  
  • Te sentiste fuerte para hacer algo, pero sientes miedo al afrontar la nueva situación. 

Por ello, aprovecha y míralo. 

Gracias a esta visión del arrepentimiento, aprendemos y no nos castigamos, porque, en realidad, no existen las decisiones erróneas. 

Querer leer la mente y darte cuenta que sólo estás viendo la tuya

Imaginar es como echar la lotería. ¿Cómo acertar lo que la otra persona está pensando? 

Cuando imaginamos, generalmente nos equivocamos, por lo que mejor dejar pasar las horas, los días, vivir el presente y dejar de pensar, de imaginar. ¿De qué nos sirve? 

Sólo nos sirve para ver que no sirve de nada, que nos hace sufrir inútilmente. La única utilidad que le podemos sacar es, precisamente, ver esto.  

No saber lo que pasa en realidad puede llevarnos a imaginar cosas intentando descubrir esa realidad, pero lo único que conseguimos es creernos nuestra propia imaginación para, después, darnos cuenta de que todo era fruto de nuestra inseguridad. 

Eso es lo bueno, porque al darte cuenta de eso, dejas de imaginar y te centras en estar, en sentir y dejar ver qué es lo que ocurre en realidad. Sin prisa, con calma, sin expectativas. Simplemente ver y observar qué es lo que está aquí y ahora. 

Las religiones son opiniones

Para mí, seguir a alguien o algo de manera incondicional, no es una opción.  

Creer que lo que diga alguien siempre es mejor que lo que piense yo, no es una opción.  

No porque mi opinión sea mejor que la del otro, sino porque creo sinceramente que no hay opinión mejor. Son sencillamente eso, opiniones, ideas, puntos de vista.  

Cuando nos metemos tanto en algo que dejamos de ser nosotros mismos para ser o pensar como otra persona, dejamos de ver la vida con los ojos abiertos

Eso es lo que pienso yo de las religiones. Ideologías llevadas a las masas, haciendo de una forma de ver y vivir la vida, una realidad. 

Hasta aquí tampoco pasaría nada, pero meternos en una ideología, en ocasiones conlleva la no aceptación de cualquier otra ideología diferente a la nuestra.  

¿Cuántos problemas ha habido y hay a causa de defender una forma de pensar? 

Siempre podremos parar y darnos cuenta de que una opinión no es una verdad.  

Es entonces cuando no hay problema en seguir unas ideas determinadas, una religión u otra, siempre que respetes y comprendas que nadie tiene una forma de vivir mejor ni peor que la tuya.  

Ser egoísta quizás sea otra cosa

A veces se tacha de egoísta a alguien que hace lo que le apetece en un momento concreto. 

Cuando no sigues a nadie excepto a ti, parece que tú eres lo único que te importa, y no es así. 

No es egoísta el que hace lo que quiere porque así lo siente. Es sincero. 

Yo creo que el egoísta es el que no respeta que te sigas a ti mismo, y quiere que hagas lo que a él le gustaría que hicieras para sentirse bien. 

Por ejemplo, si en un grupo de amigos, o en la familia se quiere hacer algo y a ti te apetece hacer otra cosa diferente, este tipo de juicios puede ocurrir.  

Como digo, lo egoísta es exigirle a esa persona (que prefiere hacer otra cosa), que esté con nosotros, en esa actividad o reunión concreta.  

 

¿Cómo actúas cuando quieres que alguien esté contigo y a esa persona le apetece más hacer otra cosa? 

Y si eres tú el que decide tomar su propio rumbo, ¿cómo reaccionas cuando los demás quieren que estés en el grupo en ese momento concreto en el que prefieres estar en otro sitio? 

Tanto si eres tú el que reclama al otro como si eres el reclamado, lo importante es ver cómo llevamos la situación y observar, si es el caso, qué es lo que no soportamos que nos digan, porque eso será lo que nos permita avanzar en nuestro autoconocimiento.